El porqué más fácil

Quizá el porqué más fácil es porque soy rojo hasta la médula y porque, de los dos modelos sociales básicos, capitalista y socialista, el segundo es imperfecto en todos los modos conocidos, pero el primero es venenoso para el ser humano, cuando no directamente mortal.

Uno lleva ya casi 55 años viviendo en este modelo capitalista, que algunos se empeñan – o empeñaban-  en llamar ‘estado del bienestar’. Y son más que suficientes años para concluir que aquí lo verdaderamente importante es el poder y el dinero (si quieres cambiamos el orden, qué mas da), y el individuo es un mero supeditado.

Pero cuando he manifestado esta idea en algún otro espacio, hay personas que se han enganchado a discutirme el estado de supeditación, o no, del individuo/ciudadano del propio estado capitalista. Y, aunque dicho estado para mi no admite discusión alguna, lo que en verdad define la condición asesina del estado capitalista es la supeditación masiva a su interés del destino, la felicidad y la vida de todos los seres humanos del llamado ‘mundo en desarrollo’. Para que el estado capitalista pueda ‘disfrutar’ de su estado de bienestar, ha de ser minoritario y explotador, como algo esencial, de todas las personas que no habitan su minoritaria existencia.

Saberse miembro, cómplice se quiera o no, de este modelo occidental de existencia genocida, ya me parece suficiente respuesta al porqué mi apoyo a Cuba. Es que me siento en condiciones de apoyar a cualquiera que se resista a salir en la foto de los ‘dueños del mundo’ sin que ello, como ya he dicho, me vaya a impedir pronunciarme sobre todos los errores y transformaciones que a mi juicio deban asumir.

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Pues eso, que porqué?

En cierta ocasión leí algo parecido a ésto: “la realidad cubana es tan compleja que antes de que te hayas elaborado una opinión ha cambiado tanto que debes volver a comenzar a elaborar” Pues creo que me quedo con esa definición. Y solo porque sirve para salir del paso imposible.

Me tiré mucho tiempo intentando elaborar una opinión sobre Cuba; solo hasta que comprendí que dar UNA OPINIÓN sobre Cuba es un acto suicida. En todo caso, y solo cuando uno se siente bien valiente, se pueden emitir opiniones (en minúsculas) sobre Cuba. Y siempre hay que encomendarse para que a partir de la segunda opinión las contradicciones (¡¡seguras!!) con las anteriores opiniones no sean tan evidentes que se te coman vivo.

A veces pienso que cuando alguien amante de Cuba desea emitir opiniones sobre su amada, solo puede hacerlo inventando. ¡Ojo!, europeos, que aquí el verbo ‘inventar’ no tiene la acepción que le otorga la RAE, sino la que los cubanos y cubanas le construyen día a día en ese asombroso ejercicio de supervivencia. Inventar, el arte de conseguir que funcione lo que jamás parecía poder funcionar, es el verbo que reivindico para traer al plano de las ideas.

Esta es mi primera entrada sobre el porqué. En realidad los tres párrafos anteriores los he escrito por pura diversión tipográfica. Lo que en verdad quería decir, aclarar, porque es la idea central que necesito transmitir antes de seguir escribiendo, es que hay una parte inexplicable en mis querencias hacia Cuba. Simplemente Cuba se apoderó de una parte de mi que nunca podré arrancarme. Ni querría hacerlo. Y por supuesto ello me impedirá ser ‘objetivo’ sobre Cuba. Pero tranquilos, que jamás he tenido anhelos de objetividad.

Te saludo

Acabo de crearme este blog. No se si escribiré mucho o poco. Más bien creo que lo segundo, pues soy tan ávido lector de blogs que no me parece que escribir el mío sea una razón de peso para dejar de leer.

Eso sí, intentaré contestar(me) la pregunta que le pone título al blog. Es casi un pequeño pique personal para que cuando me vuelvan a preguntar “porqué Cuba” sepa adónde mandarles.

Termino con un aviso a navegantes. Las personas, respetables siempre, que opinan de antemano que la pregunta “porqué Cuba” no tiene respuestas acertadas, no es que no me interesen; es que prefiero a otras, y no tengo tiempo para todas.