A veces el alma se parte

A veces el alma se parte. Todo el mundo conoce lo que se siente, aunque no todas las personas saben que solo existen dos remedios para recomponer un alma partida: el amor, y el tiempo.

¿Y porqué se nos parte el alma? Poca metafísica aquí. El alma se parte cuando el golpe que recibe supera su resistencia. Porque hay almas más fuertes que otras y, por supuesto, golpes más fuertes que otros.Y también las mismas almas son más fuertes en unos momentos que en otros.

Y, sí, la vida en ocasiones golpea inexorablemente las almas, sobre todo cuando perdemos algo, o alguien. Aunque otras veces somos nosotros mismos quienes golpeamos nuestra alma sin entender nada. Ello ocurre, además, cuando nuestra alma está débil, por lo que hemos de aprender que un alma débil se vuelve vulnerable.

Hay quien cree que el amor también golpea el alma. Pero no es cierto, el amor jamás golpea, salvo con suaves toquecitos en el hombro para susurrarte al oido. Es nuestra incapacidad de amar, o de aceptar ser amados, la que nos golpea el alma. Y cuando lo quiebra queremos pensar que el amor nos traicionó, y que el desamor, que siempre es nuestro, se convierte en algo, cuando tan solo es ausencia.

Y el tiempo, -ay- ese juguete del que a veces somos juguetes. El tiempo, que cura hasta la vida misma, va soldando almas quebradas. Cuando el amor ayuda en el arreglo, el alma queda bien reparada, más fuerte aún. Pero el tiempo no tiene magia alguna sin el amor, y dejado solo a reparar almas, así las deja algunas, torcidas y más frágiles, aún.

Amarillo desde lejos

Me ha tocado vivir lejos de Cuba la campaña de los lazos amarillos impulsada por René González. Devoro con envidia fotos, relatos, blogueos y noticias.

¿Que porqué envidia? Pues porque añoro un lugar capaz de mantener viva por 15 años y en forma colectiva esa reivindicación por una acusa que afecta directamente solo a 5 personas -ahora ya 4-.

Aquí, creo yo, habría durado 15 días