Extranjeros y Revolución

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Llevo días dándole vueltas en mi cabeza a cómo escribir este post, cómo expresar sin ofender ni aparentar falsas pretensiones. Varias veces me he dicho “mejor lo dejas”, pero como sea que vuelvo y vuelvo a ello, aquí va.

Aclaro primero que no puedo considerarme un experto ni estudioso de la realidad cubana; soy simplemente un enamorado de Cuba y de sus gentes que he visitado la Isla en muchas ocasiones y que me he alojado en hoteles, en casas de alquiler, y lo más frecuentemente en casas particulares. Soy allí un simple turista extranjero, un amigo para muchas personas, privilegiado por compartir el idioma y, sobre todo, por sentirme mucho más interesado por las gentes de Cuba y su [sobre]vivir diario que por las atracciones turísticas.

Dicho ésto completo que soy persona de izquierdas y un acérrimo defensor de la Revolución cubana, sin que ello me impida ser crítico, a veces muy crítico -y para algunos demasiado crítico- con muchas de las realidades y acciones de gobierno en la Cuba actual. Hasta tal punto llega la ‘contradicción’ (?) que habitualmente se convierte en un problema, tras una sosegada exposición en confianza de las cosas que no me gustan de allá, contestar a la pregunta “¿y a pesar de todo eso sigues defendiendo al ‘regimen’ en Cuba?”

Pero no quiero centrarme hoy en los elogios o críticas que me merezca la realidad cubana, sino en la percepción que tenemos de ella los extranjeros y en nuestra capacidad -o no- de acercarnos a la que tienen los propios cubanos y cubanas.

Hace tiempo conocí a una persona de Cuba que reside en España hace más de 10 años, y que me manifestaba sin tapujo alguno su absoluto y visceral odio al régimen cubano. Esta persona era respetuosa y considerada (y aquí confieso no haber encontrado jamás una excepción en la Isla) con el derrocamiento de Batista y los primeros años de la Revolución; pero modificó radicalmente su sentir tras lo que le tocó vivir a raíz del período especial y, fundamentalmente, lo que le toca vivir día a día a su familia en Cuba. Para esta persona, que en la práctica mantiene durante estos años a su familia lejos de las necesidades básicas con sus remesas, la clase dirigente de Cuba se ha convertido ‘en un grupo de mangantes que viven a cuerpo de rey a costa del pueblo cubano’.

No entro aquí a valorar esa afirmación que he entrecomillado, pero si el hecho de que son ya decenas de ocasiones en las que escucho la acreditación de lo que fué la Revolución en sus inicios, y la creciente desacreditación de lo que viene siendo. Y aunque la crítica de los ciudadanos hacia sus gobernantes es una constante de cualquier país (Cuba no es desde luego la excepción que pretenden los medios capitalistas; y la mayoría de los españoles deberían verlo así tras lo que estamos viviendo aquí) cabe llamar la atención hacia el creciente descontento en Cuba respecto a la disminución constante del poder adquisitivo de los salarios, la disfunción de muchas actuaciones y servicios públicos, y la tendencia a la generalización de la ‘corrupción de bajo nivel’ como medio de complemento salarial y acceso a productos escasos.

Y con el panorama dibujado nos hacemos la pregunta: ¿acaso un extranjero, con una cartera llena de euros y un boleto ya a fecha fija para el regreso a su país, por muy rojo y militante que sea, por mucho que viva en una casa de cubanos compartiendo por un tiempo sus carencias, reúne las condiciones vitales para equiparar su apoyo a la Revolución al de un cubano residente en Cuba? Pues pienso que no, que no las reúne. Ni tan siquiera un extranjero residente que no solo recibe habitualmente su salario en euros o dólares, sino que conserva normalmente la posibilidad de regresara su país cuando lo desee.

Habitualmente en Cuba, consecuencia de ese sovietismo residual del que aún se impregnan algunas estructuras (¡y mentes!), manifestar abiertamente críticas hacia cualquier aspecto o funcionamiento de las estructuras públicas o del poder se consideraba contrarevolucionario y provocaba la automática asociación de quien las hacía con la gusanería. Y si bien en los últimos años se alienta incluso desde las cúspides del gobierno y partido la discrepancia revolucionaria, aún se mantienen obsoletos mecanismos represores hacia determinadas críticas que, al menos para muchísimos, nada tienen de contrarevolucionarias.

Pues bien, tradicionalmente se ha considerado al extranjero y turista con licencia para la crítica aún desmedida, lo cual parece inevitable en un país en el que el turismo conforma una de las principales fuentes de ingresos, y en el que la mayoría de turistas solo encuentran en Cuba un lugar idóneo para sus vacaciones sin tener la más mínima afinidad política. Pero la cuestión que me traigo aquí es referente a los extranjeros que sí tenemos esa afinidad y que en muchas ocasiones nos aliamos a una defensa ciega de la Revolución, normalmente respondiendo a la contrarevolución mediática, olvidando que obviar todas las carencias y renuncias que sobrellevan los cubanos, y no nosotros por muy solidarios que queramos sentirnos, no hace sino alejar las soluciones en las que necesariamente se ha de ir avanzando.

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Emociones

 

Emociones

¿Y si un día nos despertáramos con la capacidad de controlar nuestras emociones? ¿Seríamos más felices?

¿Apaciguaríamos únicamente las llamadas ‘emociones negativas’, las que nos hacen sufrir, o también lo haríamos con esas que nos suben a las nubes, incluido el vértigo de la altura?

 

A vueltas con la Yoani

Leo en un titular del ABC que “México reúne en un congreso a 21 Mentes Brillantes internacionales” Aclaro que las mayúsculas de ‘Mentes Brillantes’ son originales del titular.

En el cuerpo de la noticia se amplía que “son 21 pensadores, investigadores, científicos, artistas o deportistas …”

El impacto le viene a uno al descubrir que una de las ‘mentes brillantes’ es Yoani Sánchez, la bloguera y pretendida periodista cubana.

Aunque soy capaz de aventurar que no es por deportista, me corroe la curiosidad de averiguar si su ‘categoría’ es la de pensadora, investigadora, científica o artista.

Pero tras un rato de reflexión, y teniendo a México como país soleado, a la Yoani de frente despejada, se me ocurre que quizá, solo quizá, hubo de darse crema en su despejada frente para protegerla de las calenturas del sol, -que no de las propias-, y que el autor de la crónica se fijase en ella en el preciso instante que un rayo de sol reflejaba su aceitosa (¡y brillante!) frente

Vapuléame

Vapuléame, descártame, arrástrame, bésame, deséchame, arrójame, ámame, desámame, olvídame, tráeme, estrújame, rómpeme, recomponme, ignórame, llámame, ansíame, témeme, correspóndeme, enamórame, repréndeme, atráeme, sonríeme, hiéreme, abrázame, extráñame, tropiézame, enloquéceme, …..

Solo te pido que cuando hayas terminado me digas si te sirvió para algo, o si solo ya te cansaste.

A veces no te entiendo

A veces no te entiendo. Tanto tiempo queriéndote, admirándote, protegiéndote, y de pronto me sales con algunas cosas que me duelen, sinceramente inapropiadas para ti, y desde luego para mi.

Son ya muchos años, y supongo que debería haber aprendido a confiar totalmente en ti, pero ya no es ciego el amor, ya no; eso es solo al principio.

Es cierto que lo principal ahí sigue intacto. Tu compañía me llena de vida, así como tu ausencia lo hace de nostalgia. Eres infinita para mi, siempre descubriéndote cosas nuevas, verdades nuevas, sensaciones nuevas. Más que conocimiento eres experiencia, experiencia de vida y supervivencia, del amor que siempre se corresponde.

Pero te digo, que debes cuidar más de muchos detalles, porque el tiempo pasa, el mundo cambia, y todo entre nosotros no puede ser como al principio.

Hazme caso; sabes que siempre me tendrás a tu lado, que nunca renunciaré a ti, que mi sentimiendo es incondicional, pero has de cambiar algunas cosas, porque me duelen, y te duelen a ti misma.

Hazme caso, Cuba querida.

Pués porque …..

Hace tiempo que no me entregaba a mi inicipiente tablón de notas de porqués. Ya sabemos como es la vida de juguetona, de maravillosa y, a veces, de cabrona.  ¿Me creerías si te digo que estuve a punto de escribir ¡PORQUE NO!?  Aún ahora debo elegir cuidadosamente el momento para no escribir mojado.

Recordaba hace poco tiempo el proceso que me llevó, hace más de 25 años, a abandonar mi trabajo y residencia en Madrid para mudarme a un pequeño pueblo en medio del campo. Aunque confluyeron más elementos (como casi siempre que vienen cambios en la vida), relato aquí el principal.

Yo en Madrid trabajaba mucho, muchas horas. Por contra prácticamente todos los fines de semana tomábamos el tren del viernes un grupo de amigos para irnos a la llamada ‘sierra de Madrid’, donde subíamos alguna montaña, localizábamos alguna pradera junto a un arroyo, y abríamos nuestras tiendas de campaña constituyendo nuestro campamento. Y allá permanecíamos alrededor de un fuego, disfrutando de la  vida sin igual, hasta que la sobremesa del domingo nos hacia ‘volver’ a la realidad y recoger el campamento para descender a la estación del ferrocarril e inicial nuestro regreso.

Ocurrió un día. Y aunque no puedo recordar la fecha concreta, no fue ‘un día cualquiera’ … Ocurrió un día concreto del que conservo perfecto recuerdo. Viajaba yo en el tren camino de Madrid. Era domingo y ya anochecía.Se suponía que volvíamos a nuestras casas, y que el siguiente viernes volveríamos a salir de ellas para pasar de nuevo el finde en la sierra. Y en aquél despreocupado momento tomé cuenta de que mi mente (¿solo?) divagaba sin control. Lo que en verdad venía sintiendo era que marchaba a Madrid, pero que el viernes regresaría de nuevo a casa.

De eso hace más de 25 años …. que llevo viviendo en el campo, lejos de Madrid

La última vez que regresé de Cuba, mientras volaba en el avión en dirección a España, mi corazón se preguntaba que cuánto tardaría esta vez en virar de nuevo ‘a casa’.

¿Que porqué Cuba? ¿Es que no me has leído?

 

 

Cuando la vida te trae sufrimiento

Dicen que cuando un animal doméstico es encerrado en una jaula para hacer un viaje, su nivel de ansiedad se dispara porque no es capaz de comprender o aprender que la nueva situación no es para siempre.

Se supone que las personas tenemos ese recurso: conocer qué cambios de nuestra vida son temporales o lo son definitivos. Incluso conocer de los definitivos cuáles aún irán a más en el futuro.

Algunas personas con cambios definitivos, o incluso progresivos, se quitan la vida en un momento dado. Sobre todo en la caso de enfermedades o secuelas de accidentes. No entro a criticar nada, tan solo quizá a lamentar en algún caso conocido. Eso siempre que la decisión sea meditada. Obligar a alguien a vivir una vida que por decisión madura y serena no quiere vivir, me parece la mayor canallada posible.

Otras personas lo pasan tan mal, emocional o físicamente, y aunque su experiencia les indica que el tiempo todo lo pasa, no son capaces de soportar el aquí y ahora y se quitan la vida. Aunque habría mucho que analizar, -probablemente han sustituido el ‘aquí y ahora’ por el constante lamento por lo que será o no será- me parece injusta su decisión de quitarse la vida. Porque mientras vivimos, queramos a no, y como seres sociales que somos, vamos dejando partes de nosotros mismos en otras personas (¡no digamos ya en nuestros hijos e hijas!), y quitándonos la vida les arrancamos a nosotros mismos de las suyas.

Cuando la vida te trae sufrimiento, uno cuenta con que el tiempo todo lo trasciende. Y la cuestión nunca debe ser si afrontar el proceso o retirarse, sino afrontarlo consiguiendo que el tiempo empleado en el proceso nos aporte, aparte del sufrimiento inevitable, más aprendizaje, más lecciones e, incluso, momentos dulces que lleguemos a añorar.