Tú al Mercado, y yo a Bayamo

Sobre una historia de amistad gigante. Y un amor que

ni llegó a ser ni dejó en pie al gigante.

 Manuscrito sobre una edición del “Mercado de Barceló”, de Almudena Grandes, escrito entre diciembre de 2014 y enero de 2015

A Elisa, porque el mundo era mucho más lindo contigo, pero desapareciste

seguir leyendo

 

Anuncios

Cómo el amor llega

MLS_7665

A veces tendemos a pensar que el amor se colará en nuestra vida de forma estrepitosa, rompiendo las pausas y pausando lo cotidiano, grabando con cincel el antes y el después ….

Pero a veces al amor se cuela misteriosamente, sin aspavientos, sin insomnios ni ansiedades, como la marea que sube sigilosamente hasta que descubres que tu suelo seguro es ya una isla.

Y no te queda más remedio que aprender a nadar.

 

Relaciones …

_MLS1527

Nuestra mayor dificultad para relacionarnos es creer que el otro tiene los mismos mecanismos de pensamiento que nosotros, creernos que con las premisas que nosotros apreciamos deberían alcanzar las mismas conclusiones que nosotros. Incluso atrevernos a suponer que ante emociones parecidas las personas deberían mostrar respuestas parecidas a las nuestras.

Solo cuando asumimos que cada persona es un mundo construido sobre dimensiones que le son exclusivas, y que nuestra relación no pasa por comprender porqué nos sonríe sino en disfrutar de su sonrisa, solo entonces comenzamos a comprender algo de nuestro propio mundo.

Emociones

 

Emociones

¿Y si un día nos despertáramos con la capacidad de controlar nuestras emociones? ¿Seríamos más felices?

¿Apaciguaríamos únicamente las llamadas ‘emociones negativas’, las que nos hacen sufrir, o también lo haríamos con esas que nos suben a las nubes, incluido el vértigo de la altura?

 

Vapuléame

Vapuléame, descártame, arrástrame, bésame, deséchame, arrójame, ámame, desámame, olvídame, tráeme, estrújame, rómpeme, recomponme, ignórame, llámame, ansíame, témeme, correspóndeme, enamórame, repréndeme, atráeme, sonríeme, hiéreme, abrázame, extráñame, tropiézame, enloquéceme, …..

Solo te pido que cuando hayas terminado me digas si te sirvió para algo, o si solo ya te cansaste.

Cuando la vida te trae sufrimiento

Dicen que cuando un animal doméstico es encerrado en una jaula para hacer un viaje, su nivel de ansiedad se dispara porque no es capaz de comprender o aprender que la nueva situación no es para siempre.

Se supone que las personas tenemos ese recurso: conocer qué cambios de nuestra vida son temporales o lo son definitivos. Incluso conocer de los definitivos cuáles aún irán a más en el futuro.

Algunas personas con cambios definitivos, o incluso progresivos, se quitan la vida en un momento dado. Sobre todo en la caso de enfermedades o secuelas de accidentes. No entro a criticar nada, tan solo quizá a lamentar en algún caso conocido. Eso siempre que la decisión sea meditada. Obligar a alguien a vivir una vida que por decisión madura y serena no quiere vivir, me parece la mayor canallada posible.

Otras personas lo pasan tan mal, emocional o físicamente, y aunque su experiencia les indica que el tiempo todo lo pasa, no son capaces de soportar el aquí y ahora y se quitan la vida. Aunque habría mucho que analizar, -probablemente han sustituido el ‘aquí y ahora’ por el constante lamento por lo que será o no será- me parece injusta su decisión de quitarse la vida. Porque mientras vivimos, queramos a no, y como seres sociales que somos, vamos dejando partes de nosotros mismos en otras personas (¡no digamos ya en nuestros hijos e hijas!), y quitándonos la vida les arrancamos a nosotros mismos de las suyas.

Cuando la vida te trae sufrimiento, uno cuenta con que el tiempo todo lo trasciende. Y la cuestión nunca debe ser si afrontar el proceso o retirarse, sino afrontarlo consiguiendo que el tiempo empleado en el proceso nos aporte, aparte del sufrimiento inevitable, más aprendizaje, más lecciones e, incluso, momentos dulces que lleguemos a añorar.